Irán es un país especial, un destino único, un territorio inmenso en ese Oriente Medio que siempre ha sido puente de culturas, de gentes a caballo entre África, Asia y Europa. Cuna de la agricultura y de las sociedades complejas, el Irán actual posee vestigios de civilizaciones mesopotámicas e indoiranias milenarias, como Elam, Asiria y Persa. Con el auge del Islam y el desarrollo del comercio entre los continentes gracias a la Ruta de la Seda y a los puertos del Golfo Pérsico, Persia se convierte en una de las puertas de Oriente. Más tarde, mitificada e idealizada Persia será un sueño para los primeros viajeros y turistas del siglo XIX y XX. Isfahán, Shiraz o Tabriz  son nombres que sugieren el perfume de las especias, el rumor suave de la seda tejida o las puestas de sol donde los minaretes y las mezquitas de azulejos brillan entre el ajetreo de los zocos y las miradas furtivas de los harenes.